LA VIDA DE JUAN

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Juan nació en 1935, en una pequeña casa a las puertas del Generalife.

Su vida, su trabajo y su familia irían ligados a Alhambra desde entonces. Con sólo 6 meses y en una España dominada por la guerra, sus padres se mudan, junto a otras 20 familias, a trabajar la tierra de un cortijo: “Jesús del Valle”.

Aún recuerda sus primeros pasos labrando, con 6 años de edad, en un lugar donde la escuela y los libros serían el privilegio de otros.

“Allí nos dedicábamos a coger aceitunas, a guardar cabras y marranos y a trabajar la huerta”

“Conocí a mi mujer con 17 años, cogiendo aceitunas. Ella vivía en el cortijo Juerga”

Todas las noches recorría el cerro que tan bien conocía para visitarla, engañando a los civiles que en esa época, no dudaban en buscarle a uno un problema. Se casaron con 18 años, un martes de Febrero, a las 6 de la mañana en la abadía del Sacromonte.

“A las 7 de la mañana, después de casarnos, nos fuimos a coger aceitunas”

Unas semanas después, ya entrado Marzo, nacería su primer hijo.

“El día 12 de Marzo nació mi hijo y el 19 me mandaron a la mili, en Huesca, ya llegando a los Pirineos”

Juan llegó a Huesca en un tren sin asientos que transportaba carbón.

“Llegamos más negros que el hollín”

De vuelta en Granada, Juan consiguió un trabajo en la Alhambra. Durante 43 años ha cuidado los terrenos de la Alhambra, ha caminado sus acequias y ha cultivado sus tierras.

“Ya cuando Franco murió, empezamos a vivir mejor, la policía pegaba menos”

“Cuando salía de la Alhambra, nos buscábamos jardines privados para arreglar. Ya pasados 20 años de estar yo en la Alhambra daban un carmen que la señora Dña María le vendió al patronato y lo solicité”

En el Carmen de San Fernando, Juan recuerda los mejores años de su vida. Allí vivió hasta que se jubiló.

“La única pega del Carmen era la subida desde la Cuesta de los Chinos, que era muy mala. Pero allí arriba, era la mejor casa de Granada. Yo puse el agua potable y lo cerqué con una valla. Teníamos bastantes huertas y de madrugada bajábamos a descargar a los mercados. Entonces no había supermercados, sólo tiendas de comestibles, ahora no queda ni una en este barrio”

Después de jubilarse, Juan y su mujer vuelven a la Cuesta de los Chinos, a la misma casa donde él nació y en la que todavía hoy vive.

“Todas las huertas desde Puente Quebrada hasta el Barranco Tatino las he arado yo con las mulas, hasta el cerro de San Miguel, sembrando cebada”

“Ahora subo mejor que bajo la cuesta, por las piernas que me duelen y se me hinchan”

Con 81 años Juan comparte su Alhambra y su cuesta con visitantes de todo el mundo, siempre dispuesto a contar una historia y observa desde su terraza las vidas que están por contarse.